jueves, febrero 23, 2017

El público (Pepe Campos)



A comienzos de los años cuarenta del siglo pasado, tras la guerra civil española, muchos aficionados se quedaron perplejos por el afán de diversión que de pronto acompañó al público de los toros. Antonio Díaz Cañabate lo analizó como un deseo de olvidar, una perentoria necesidad de no mirar atrás. De pronto el público se hizo acrítico, cuando poco antes todavía no existía la clara distinción entre público y aficionado, porque se enlazaba con un tiempo anterior que poseía un público apasionado y entendido. Se produjo una separación entre aficionado y público; al cabo de los años, tan clara, tan nítida, tan a favor de que sólo existiera un público desapasionado, relativizado, que ni siquiera va al festejo taurino a divertirse sino a pasar el rato. En realidad no sabe por qué está allí, pues acude sin motivación, sin entusiasmo, como cumpliendo un requisito de adscripción ideológica. Un mal menor. Un público evidentemente poco preparado, que lo único que le importa es el triunfo a ultranza del torero, el corte de orejas, y no saber nada respecto si hay toro, o como es su juego, o como entenderle para exigirle al torero su correspondiente y adecuada lidia. O para interiorizar el porqué del fracaso.

José Campos Cañizares, Esencias de tauromaquia en la pintura de Jacobo Gavira

Victoriano del Río en la Tertulia de Jordán

Victoriano del Río está encantado con el momento de su ganadería, disputada por las figuras para las grandes ferias, está bien valorada por los aficionados, lo que la convierte en una “rara avis”, no sólo del panorama actual, sino incluso de la historia de las corridas de toros del siglo XX y XXI.


miércoles, febrero 22, 2017

La empresa de Madrid pasa a los hechos e inicia su gestión maltratandoal aficionado


Tras la palabrería de la nueva empresa de Madrid, sus referencias a la modernidad, a la necesidad de mejorar la comunicación, de gestionar la plaza conforme a parámetros del siglo XXI , ayer nos dimos de bruces con la realidad . Ayer soportamos  largas horas , en mi caso casi 4, para sacar un abono de temporada.
Y no, no es que a la nueva empresa de Madrid no le haya dado tiempo a adaptar las vestustas taquillas en modernísimas taquillas ...ayer hubiese bastado con abrir más ventanillas . La plaza dispone de 10 pero ayer sólo abrieron 4.
La empresa , vía Twitter, se intentó justificar diciendo que se habían superado las expectativas, lo cual demuestra o que bien no confían en su producto o que desconocen a la afición de Madrid.
Como digo, este ha sido mi primer contacto práctico con la empresa y no ha podido ser peor, no cabe mayor incompetencia. 
Espero que en lo que corresponda la Comunidad de Madrid , Centro de Asuntos Taurinos, haya tomado nota ( ayer se recogieron firmas) de la desastrosa gestión de las taquillas.
Mal empezamos.
Nota: no me quiero imaginar lo de ayer con mal tiempo
Nota: ayer se perdieron un buen número de abonados que desertaron ante las largas y tediosas colas.
Nota: Ayer y hoy eran para sacar abonos de temporadas para jóvenes y 3era edad 
Nota: Eso si, el personal de taquillas de 10. Al César lo que es del César 

martes, febrero 21, 2017

Los antitaurinos, un coctel de miedo e ignorancia (Gastón Ramírez Cuevas)


En estos momentos hay una buena cantidad de individuos que escudados en una falsa bondad intentan prohibir todo lo que a ellos les parce malo, cruel o despreciable. Entre ellos están los enemigos de la fiesta de toros. Los antis son unos beatos hazañeros que por falta de información y de valor civil arremeten contra la tauromaquia como si en este país no hubiera otras problemas más serios y más apremiantes.

Es fácil hablar de la “barbarie” taurina y denostar a los que van a las plazas de toros cuando se ignoran muchas cosas. Cuando se ignora de dónde procede la piel de los zapatos, la carne de las hamburguesas y cochinitas pibil. Es fácil pensar que el campo no existe, que todo mundo vive en ciudades; negar que el horror real está en los mataderos y en las granjas de pollos, borregos y cochinos. Es gratificante pensar que el león pastará un día con el cordero en una realidad gringa y hollywoodense. Es bonito pensar que la muerte no existe; que la cultura de la tauromaquia es un invento de gente zafia que odia a los animales.

Afortunadamente, el aficionado a la Fiesta entiende todo, comprende las virtudes de las cosas sublimes, la inutilidad de los discursos, la lenta y terrible degradación de los mundos, de la cual nadie podrá escapar. Y a pesar de ello, el aficionado entiende también la maravillosa voluptuosidad de los sentidos, cuando estos conspiran para enseñarle a los hombres el placer y la terrorífica belleza del Arte.

Para el anitiaurino común y corriente, el heroísmo, la generosidad y el sacrificio no tienen cabida en su mundo postmoderno y color de rosa. Por eso jamás leerán al filósofo galo Francis Wolff, quien dice claramente que el toreo es maravilloso porque: “El torero sabe estar, porque sabe ser torero, es decir, aguantar. No ceder, no ceder terreno frente a la adversidad, frente al miedo, frente a la muerte, pero sobre todo hacerlo con desapego, lo más cerca del toro, lo más lejos de sí mismo.”

Para el antitaurino, el animalismo es mejor que el humanismo, y por ende el ser humano no es superior a los animales. ¡Ojo! el aficionado a los toros es el menos ajeno al sufrimiento animal, por eso celebra un rito pleno de vida y muerte, pero con lealtad y respeto. 

Sin embargo, no todo lo que pregonan los talibanes del abolicionismo taurino está mal pensado. El día que no tengamos que comernos a los animales, el día que la muerte sea cosa del pasado y que el mundo sea de nuevo el Paraíso Terrenal, las corridas de toros deben forzosamente dejar de existir.

Mientras llega esa fecha tan feliz y deseada, habría que entender que, entre otras cosas, la tauromaquia sirve para enseñarle al ser humano pensante que a la hora de la verdad no se puede ni se debe voltear la cara, tal y como lo demuestran los toros bravos y los toreros pundonorosos cada tarde y en cada plaza.


Gastón Ramírez Cuevas en México Aztecas y Toros


lunes, febrero 20, 2017

Sobre cargar la suerte ( José Campos)


"Cargar la suerte para como fijó Domingo Ortega darle profundidad al toreo, adquirida la hondura cuando la pierna avanza al frente, manera de someter al toro y de plantearle la batalla con la rotundidad de la ética, encauzada la suerte al estilo caballeresco, desde la frontalidad, para encarar el peligro. Cargar la suerte es torear echando la pierna adelante. Nos adentramos entonces en las esencias de la tauromaquia clásica, vieja , antigua, de cuando había toros. Nos introducimos en el núcleo del toreo, en el terreno del toro, sin posturas ni ensayos lineales de los toreros, si no pasárselo por delante de la pierna, la contraria de por de donde se arranca, y bajarle en la acción la mano para irle dominando, para mandarle en el pase al espacio desde donde, naturalmente, sucederá el siguiente lance, con la misma verdad. Con capote y muleta. En la verónica y en el natural. En la media y en el pase de pecho. En el adorno y en el desplante. Antes de la estocada final."

José Campos Cañizares en " Esencias de la tauromaquia en la pintura de Jacobo Gavira"



miércoles, febrero 15, 2017

Sobre la suerte de varas ( José Campos)

Se observa en la pintura de Jacobo Gavira una llamada de atención para que vuelva la suerte de varas a su esplendor que perdió a partir del uso del peto , una derrota para el toro; cuando sobrevino la buscada suavidad en el toro de lidia, para lucimiento de toreadores estilistas, cuando en el festejo empezó a sobrar el caballo. ¿Por qué , para qué, si no había toro, si no había acometividad, ni poder, si el toreo se convertía en juego estético con un animal seleccionado para ser conducido en sus repetitivas tentativas de encontrarse con un trapo manejado sin exigencias de dominio, porque este no es necesario, ni tampoco ahormarlo en lances que exijan que se cargue la suerte? Por el contrario, sabemos que la tauromaquia se fundamenta en la existencia del toro de poder ; y el heroísmo del torero, en la verosimilitud del peligro. 

José Campos Cañizares en el catálogo " Esencias de la tauromaquia de Jacobo Gavira"
Pintura: Jacobo Gavira 

martes, febrero 14, 2017

"Enfrente del torero debe haber oponente fiero, bravo..."


"Enfrente del torero debe haber oponente fiero, bravo, que le haga pensar , que le someta a un examen de inteligencia, para resolver problemas, para prepararle para la vida.
Vital es separarse de la tauromaquia muelle que nos domina, que nos hace dudar de si es lícito el toreo, porque el toro no debe ser la tonta del bote, un monigote, al que se le ha perdido el respeto, por asemejarse al borrego. Urgente es distanciarse de la molicie que que asfixia al mundo taurino representada en descargar la suerte, en abrir el compás pero con truco, doblándolo, con la pierna situada hacia atrás, pues el toro de carril lo permite, lo traga y se le traiciona, no se le burla, para desdoro del matador sin vocación y del público que lo aplaude, y del crítico que lo aplaude"

José Campos Cañizares  en "Esencias de la tauromaquia en la pintura de Jacobo Gavira"

lunes, febrero 13, 2017

El sadismo de los antitaurinos: ataque con cuchillas en Francia

Los animalistas han enviado alrededor de 40 cartas anónimas por todo el país en las que colocaron estratégicamente estos objetos afilados para provocar el máximo daño posible a sus receptores. Hay un herido.
Ocurre en Francia. Desde el viernes las ciudades taurinas, sus ayuntamientos, las asociaciones, los aficionados, ganaderos, toreros y empresarios del país soportan un nuevo ataque antitaurino. Los animalistas han enviado cartas anónimas preparadas para rebanar los dedos a sus receptores: han colocado cuchillas en su interior de tal forma que cuando el paquete se abre, forzando el papel al estar muy pegado a ellas, el dedo se desliza por el filo hundiéndose en un corte profundo. 

Juan Diego Madueño – Aquí el artículo completo-

viernes, febrero 10, 2017

Ya a la venta los abonos temporada para jóvenes y jubilados

Los jubilados podrán ver toda la temporada , 84 tardes de toros, por 114,5 euros y los jóvenes por 105 euros , además estos últimos en la Grada del 6.

Para renovar el plazo es del 6 al 17 de febrero y para los nuevos los días 21 y 22 del mismo mes
- Aquí toda la información en pdf -

jueves, febrero 09, 2017

Rafaelillo en la corrida de Mondoñedo de Bogotá

Rafelillo, cabeza de cartel y confirmante a la vez, ofició como director de lidia de una forma que ya hemos anotado como inolvidable. Estuvo al frente en todos los tercios de varas, arreando a la caballería cuyos desatinos de brida fueron el lunar de una tarde casi perfecta. Del mismo modo, dirigió cuatro veces la brega de los toros de sus compañeros en el complejo segundo tercio, cuyos pares no habrían sido posibles sin la dirección del murciano.

En la muleta ofreció ya un recital de sinceridad, exponiendo la dificultad de su lote mas sin voltear la cara nunca. La faena a su segundo, el gran Canciller, logró conmocionar a toda la Santamaría pese a contar con la imposibilidad de ligar. Cruzado siempre en el sitio donde arden los pies, sin rehuir a las coladas de un toro cortante, Rafaelillo puso bocabajo al coso tutelar de Colombia y oyó durante la faena dos veces los gritos de "¡Torero, torero!" por una actuación donde la épica del valor se materializó de forma impresionante. Era torear sin siquiera haber presentado la muleta. Era exponer las lidias más antiguas, la emoción del unipase correcto, profundo, con sitio de valiente. En especial un derechazo y un natural de vuelos desmayados cobraron los olés más fuertes de lo que iba de la temporada capitalina, puesto que contuvieron una pureza que recordó a su faena madrileña al Injuriado de Miura. Lo mismo en la capa y su abrirse con doblones en el primero, lo de Rafaelillo fue una bocanada de toreo antiguo en un país que nunca vivió la tauromaquia del siglo XIX.
Pongamos de presente, por ejemplo, solo un hecho para explicar su tarde: al bronco y fiero primero lo mató en los medios de la plaza, con los peones armados de capa y listos para la carrera desde los burladeros. Tragar así, en un sitio donde pesa tanto el toro de Bogotá, es suficiente para argumentar a favor del derroche de valor de Rafaelillo.

Al irse por su propio pie al final de la corrida, la afición capitalina volvió a vitorearlo. Se fue con una oreja de peso en honor a su labor en conjunto toda la tarde, luego de lidiar el lote más áspero del festejo y de arrear a sus propios compañeros con un desinterés de maestro. ¡Qué lidiador! ¡Qué conocedor de un encaste que jamás había lidiado en América! ¡Qué forma de entrar a nuestra plaza!

Descabellos – aquí la crónica-
Foto: Fiesta del Toro





miércoles, febrero 08, 2017

Un oasis de seriedad y tauromaquia


¿Crisis del toreo? Pues algunos ya me dirán que no tiene sentido una tauromaquia simplemente basada en el derroche de valentía, ante toros imposibles, entendimiento arcaico del ritual. Sin embargo, yo hablo de una conjunción tan difícil de suceder en corridas mediocres, donde el toro peca por su ausencia. La reconstrucción de la afición, la salida de su crisis, parte por entender que el toreo moderno deshonra al toro, le reduce a su mínima expresión, en una interpretación maniquea donde el toro debe colaborar con el torero y no, en su naturaleza, luchar por sus pagos y su vida. Crisis que por demás sustenta cierto animalismo aficionado que busca la reducción del castigo, en un afán de defensa del toreo, pero que desconoce y al tiempo caricaturiza al toro, lo vuelve un actor de reparto, inherentemente secundario, en una lucha donde su combatividad le hace protagonista.
Una corrida tan rematada como la de ayer es un oasis de afición y la Plaza de la Santamaría ayer fue un oasis de seriedad y canon, ante una temporada latinoamericana llena de mediocridad, triunfalismo y bufonería. Una revelación incómoda para algunos de una tauromaquia de dominio y valor, de técnica y saber, que revela el engaño del postureo en los toros. Ayer, cuando las verdades se revelan simples, yo sólo vi la materialización de las palabras de don Domingo Ortega, una Plaza vibrando de otra forma y cinco razones suficiente para sobrevivir esta afición a punta de mondoñedos.

martes, febrero 07, 2017

¡Mondoñedo, Mondoñedo!

Al caer el quinto de la tarde, el vareado y bravo Greñudo, se habían desplomado todas las tesis de la tortura. Muchos de nosotros estábamos ya al límite de lo posible, totalmente rotos ante uno de los mejores encierros en la historia de la plaza, combativo y digno como nunca lo será ningún torturado del mundo. En esa iluminación, el aficionado que ocupó poco menos que medio aforo de la plaza no podía sino estar hecho añicos. Porque, fundamentalmente, el toreo también supone una suerte de desgaste emocional, un arder del espíritu, una paliza para el cuerpo emocionado, lleno de una luz inexplicable. De pie estábamos con las manos rotas de aplaudir, hinchadas o con hematomas y con la voz ida de gritar, de vitorear a Mondoñedo y a los toreros, fuere de oro o plata.

Es decir, con el espíritu totalmente agotado, sin un "más allá" posible ante la rotundidad de un encierro con cinco toros ovacionados en el arrastre, con las emociones de la lidia pura y el toreo del XIX, nueve varas aplaudidas a rabiar, listos para recibir al sexto tranquilamente, sin la pretensión, insistamos, de ninguna historia más allá de lo vivído con Greñudo y su alma encastada, con su revolverse como fiera furiosa en la muleta de un valiente, su forma de comerse al caballo y pedir más banderillas ante seis capotes desplegados, su forma de tragarse la muerte pese a tener dos estocadas adentro, momento culmen del festejo en cuando a dimensión religiosa de la bravura.

Pero salió Tocayito.
Plantada la pezuña en la arena, obnubilando con su estampa a la afición más entendida del continente,  Tocayito remató en el burladero de matadores arrancando de un cuajo la tapa superior del tablero y poniendo en pie de inmediato al personal. El derrote había retumbado en toda la plaza, con un sonido de fiereza emocionante. Entonces, hablo por mí, no sé de dónde salió esa fuerza, ese fuego para seguir aplaudiendo sin dolor con las manos totalmente rotas, ese gritar con una voz que había vuelto, locos ante la bravura en varas del toro más completo de la temporada colombiana. Vi prácticamente toda la lidia del sexto de pie, remontado no ya en una ola de emoción sino casi de religión pura, al borde de las lágrimas. El cinqueño, hocico adelante con honor, acudió alegre en varas y metió riñones sinceramente, comiéndose entero un largo puyazo de Clovis Velásquez en medio de la ovación unánime y la protesta con cuatro pitos de los menos entendidos, minoría absoluta en una plaza que daba gloria de ver en dicho día por su gravedad.

Y es que se estaban ovacionando tercios de varas en la gran fiesta americana, la misma que pasa como castiza ante su par europea. Se le gritó tres veces "torero" a un lidiador que no ligó una sola serie pero peleó de tú a tú con un reservón y poderoso cuarto, resucitando las tauromaquias más añejas. Y es que se reivindicaron con carteles y gritos las tauromaquias más ortodoxas en el mediodía de un continente que pasa como plebeyo, festivo, ignorante de los significados rituales. Los gritos de "¡Mondoñedo, Mondoñedo!", explicaron con suficiencia cómo es que América sí puede albergar una fiesta culta, que trae de los campos  sus animales más fieros y presentados para oponerlos a los lidiadores más capaces.

Salimos de la plaza totalmente llenos de luz tras esperar cinco años para vivir nuevamente la corrida identitaria de una afición capitalina, cuyos elementos más fanáticos giran en torno a Mondoñedo y la Santamaría.
(…)

En un punto, la plaza rugió con fuerza gritando "¡Mondoñedo, Mondoñedo!", mientras el ganadero, don Gonzalo Sanz de Santamaría, se secaba las lágrimas, acaso recordando a su padre, por el que los seis toros de ayer embistieron, defendiendo el honor de una afición perseguida sin cuartel. Una defensa que ha hecho de su bravura una religión para nosotros.
Nunca el toreo en Bogotá fue tan grande. 

Descabellos – aquí lo crónica completa -




domingo, febrero 05, 2017

El invento de los antitaurinos (Antonio Caballero)

El problema detrás del debate sobre las corridas de toros es la ignorancia. Los enemigos de la fiesta de los toros, sean animalistas sinceros o politiqueros sin escrúpulos, no saben de qué están hablando: no saben qué es, en qué consiste, la fiesta de los toros. No pretendo, por su- puesto, que la conozcan en detalle: sus orígenes míticos, la multiplicidad de sus significados, su historia en los últimos siglos, sus efemérides trágicas, sus reglamentaciones burocráticas. Lo que vuelve imposible la discusión con ellos es que no saben por qué ni para qué se torea. Como quien no sabe para qué se baila, o para qué se compone música, y, por no entender el sentido de esas actividades, decide condenarlas tachándolas de inmorales.

Por su valor ilustrativo, y no por buscar el prestigio de autoridades, traigo a cuento una anécdota pictórico-taurina. Le preguntó una vez el pintor Pablo Picasso a su amigo el matador de toros Luis Miguel Dominguín: “¿Tú por qué toreas?”. Y Dominguín le preguntó a su vez: “¿Tú por qué pintas?”.

Los antitaurinos no saben por qué se torea, ni por qué se va a los toros. Pero en vez de intentar averiguarlo, se inventan un porqué: por sadismo, dicen: por amor a la sangre violentamente derramada; por placer en el dolor y la muerte de bellos animales; por complacencia morbosa en la tortura. De nada sirve que toreros y aficionados les expliquemos unánimemente que no es así, y que si esos fueran los elementos que constituyen el toreo y la afición nosotros no seríamos ni toreros ni aficionados a los toros. De nada sirve que ese perfil de crueldad torpe y gratuita corresponda más bien al de muchos de los antitaurinos: como los que vimos el otro domingo en Bogotá tirando piedras y gargajos y gritando insultos, o como los que en las redes sociales lanzan amenazas de violencia contra los aficionados o se alegran al enterarse de que un torero ha muerto en el ruedo. No quieren saber en qué consiste lo que de antemano desprecian y condenan. Prefieren creer en su propio invento, y es ese invento grotesco lo que no les gusta.

Con razón. A nosotros tampoco. Lo que nos gusta no es la tortura, sino el arte del toreo. La belleza del juego, el valor del combate, el sentido del sacrificio: todo lo que los toros son, y que los antitaurinos no quieren ver que son, y sustituyen en su argumentación autista por una caricatura esperpéntica.

-Aquí el artículo completo-

miércoles, febrero 01, 2017

Javier Vázquez en la Tertulia de Jordán

Javier Vázquez relata su historia taurina exenta de épica y dramatismo. Con seguridad y satisfacción del papel que ha ocupado en la historia taurina, sin mostrar cuentas pendientes con la vida y la profesión. Una historia urbana de un joven de los 80, lejos de los avatares por capeas y tapias propios de generaciones anteriores. Atraído por los toros desde los 10 ó 12 años, decide apuntarse en la escuela taurina de Madrid con 14 años. No cuenta injerencias, impulsos o experiencias familiares, sino que lo relata en primera persona, lo decidió él.

jueves, enero 26, 2017

Los mercaderes en Las Ventas




Y ahora, también en Madrid:

Las Ventas presenta su nueva imagen en Fitur como Plaza 1.


Sin comentarios...

¿Por qué se avergüenza usted de ser aficionado a la fiesta de los toros? (Antonio Lorca)

Es un misterio, sin duda, la tauromaquia, que embelesa y subyuga a quienes hemos tenido la suerte de ser educados en su disfrute. Pero ese gozo no parece tener explicación en la sociedad actual.
Lo cierto es que el mundo del toro carece de argumentario -existen argumentos, pero están dispersos, cuando no perdidos- en el siglo XXI. No hay evangelio escrito en el que reflejarse. La tauromaquia está cargada de historia, pero carece de identidad ante la evolución social.
(…)
Urge, por tanto, un argumentario que ofrezca razones a quienes se hicieron personas desde la convicción de que la fiesta de los toros es un rito ancestral en el que se funden la irracionalidad de un animal salvaje y la capacidad inteligente del ser humano para desbrozar el misterio de lo que llamamos lidia. Sin maldad, sin remordimiento, y en la búsqueda permanente de la gloria para el toro y el torero.
Mientras tanto, habrá otros que claudicarán ante el buenismo animalista reinante, que no nos hace mejores, sino más modernos; como si ello fuera una cualidad moral.


Antonio Lorca – Aquí el artículo completo -